…mmm, y digo yo…

Icon

… el ANTERIOR Blog Personal de Ramma.

En bata y zapatillas….

Las relaciones personales son la sal de la vida. Somos seres sociales, que disfrutamos de la compañía de los demás, de su cariño, de saber que están ahí, de todo lo que significa que alguien comparta su vida con nosotros, sea al nivel que sea. Nadie recuerda el mejor momento de su vida y se vé sólo en él. En general a todo el mundo le pasa así: lo mejor de la vida son las personas que la llenan. Le dan sentido, color, emoción.

Por eso mismo, las relaciones con la gente hay que cuidarlas. Y eso es algo que a mí no se me dá bien. Yo no cuido a la gente.

Y así es que mucho más a menudo de lo “normal”, la gente se siente maltratada por mí. Porque no les cuido. Porque cuanto más me importan y más los quiero, peor los trato. O mejor dicho, menos cuidado tengo en cómo los trato. Me enfundo demasiado rápido la bata y las zapatillas. No trabajo la amistad. No la riego. Y da igual que sepas o sepan que darías un brazo: lo que quieren es una llamada, un mensaje, un “te quiero” más cotidiano. Sentir que te importan, Ramón.

Y así pasa que, cuando menos me lo espero me mandan al carajo, y me dejan con ésta cara. (Si, parecida a la del mono, para que os hagais una idea) Con la cara de “¿qué hiciste Ramón? ¿qué hiciste?”. Y es que aunque intente disimularlo y autoconvencerme de que las cosas en la amistad deben ser fáciles, tranquilas y todo eso, las amistades no crecen de forma sinmultánea. Cuando tú crees que ya sois amigos de bata y zapatillas, resulta que todavía no. Que tú ya estás listo para ir al fin del mundo, pero a tí no te conocen. Porque éstas cosas tuyas, Ramón, es mejor no conocerlas. Porque digas lo que digas, eso debe cambiar.

Estoy muy afectado, pero no ya tanto por el batacazo, que escuece, sino por la sensación de que cosas como ésta están cantadas en tu vida si no te implicas en lo que te importa, Ramón. Deja la bata y las zapatillas, que la gente es demasiado importante. Si no lo fuera no estarías ahora mismo con ganas de llorar. Congoja, Congoja es la palabra.

Archivado bajo:Mis cositas, No me gusta, personal

Messenger, ese traidor.

Es un contrasentido, pero lo odio, no me gusta nada, y a la vez siempre que puedo lo tengo online, conectado y visible. Y es que le reconozco la utilidad: es un sistema de comunicación directo, sencillo, pero no me gusta.

Aún recuerdo mi primer messenger, que en realidad no fué un messenger, sino, si no recuerdo mal, una antediluviana ventana de chat privado. Y la verdad es que lo recuerdo con mucha alegría porque resultó estupendo.

Era con la persona amada, era una cita pactada y ya desde antes de conectar en directo, tenía las mariposas dando el coñazo en la barriga. En cuanto leí su primera frase, sólo de pensar que estaba ahí al otro lado, en directo, el vello se clavó en mis pantalones, y las mariposas me dieron un mordisco y me devoraron los pulmones: no podía respirar, de la emoción. Casi la misma sensación de cuando te dispones a hacer la primera llamada. Ais, qué cosas. El “messenger” empezó bien en mi vida.

Pero luego Read the rest of this entry »

Archivado bajo:Mis cositas, No me gusta, demagogia, me gusta

Los pelos como escarpias.

Estoy noqueado….. la actualidad política me supera, y no puedo más que intentar asimilar atónito lo que está pasando. La foto es chula, eh? Supongo que en pocos días tenga cabeza para escribir algo, que ahora no puedo.

PD: Ultimamente, Orsai está que se sale. El verdadero artífice de que esté yo por aquí y nunca tenga pensado dejarlo. (…jopé, se van los mejores… :-( … ). Un grande de los blogs. Cuando mi blog sea mayor, quiere ser como Orsai.

Archivado bajo:Fotos, No me gusta

Aumenta mi inutilidad.

La inutilidad de las rejas...Hubo un tiempo en que yo era inútil. O sea, que mayormente no ayudaba a nadie a ir a ningún lado. Simplemente estaba ahí y entretenía. Pero no tenía fuerza moral ni nada de lo necesario para que alguien se sintiera ayudado por mí.

Eso era así hasta quizá mis 16-17 añitos. En aquel entonces, varias cosas cambiaron en mi vida, y entre otras novedades, descubrí lo que se viene en llamar “vida interior”, y lo que es pensar sobre uno mismo y las cosas que le rodean, y la gente que le importa

… y direis: ¿17 años? jolín que tarde…. Pues sí: por eso digo que hubo un tiempo en que era inútil. Porque lo normal es que ese tiempo dura menos: que uno sea útil antes de los 17… al menos hacia gente de su edad.

Quizá para compensar, después me empeñé en ser útil. Como siempre, de forma totalmente egoísta: buscaba soluciones a mis cosas. Lo demás me importaba sólo de cara a la galería, pero algo era algo. Cuando contrarresté el tiempo perdido, empecé a ver más allá de mi ombligo y mi utilidad se acrecentó. De hecho se hizo gigante. Aunque me empeñe en ser egoísta, mi fondo ha sido siempre de buena madera. Lo ocultaba quizá porque era consciente de mi inutilidad práctica.

Empezó entonces una época fantástica en que realmente era el rey del mundo: me encantaba escuchar, era cercano, cálido, fácil de tratar, fácil de querer… Hice mucho bien a mucha gente: era efectivo, positivo, agradable, lo entendía todo sin farragosas explicaciones y realmente quien se encontraba en mi entorno cercano tenía en mí una ayuda sólida. Además de un buen compañero de fiestas, claro. Le pillé el gusto a eso de entender a la gente y todo lo que pude vivir y escuchar me sirvieron para ser más y más efectivo.

Cimenté en mí una serie de valores potentes, como la lealtad, la fidelidad, la discrección, el respeto… en base a experiencias vividas o escuchadas de mis “ayudados” y realmente me sentía bien cuando con mi ayuda, gente grandiosa (pero grande de verdad) superaba una pena, o una duda, o una fatalidad, o un error. Yo valía para todo. Era creíble, convincente… y animaba. Aunque nunca fuí alguien especialmente emotivo. No por entonces: eso llegaría después. Siempre fuí de corazón frío, de lágrima dificil, de emoción fácilmente contenible, etc… igual por eso era más útil :-D

y quizá era porque seguía enganchado a ser “el rey del mundo”, y seguía asimilando todo como un recién nacido, porque me gustaba mi utilidad. Me cargaba día a día de fuerza moral, y de convencimiento sobre las cosas, que la gente apreciaba y valoraba. Pero ya no soy un recién nacido, y todo eso tan guay se vuelve en mi contra.

Nada de nadie me sorprende: todo “me lo esperaba”, y casi no necesito escuchar ni una palabra para saber de qué va a ir la conversación. Ese “poder” me asusta, y de forma inconsciente procuro que nadie que lo pueda tener parecido, pueda conocerme con facilidad. Oculto sentimientos, oculto emociones, oculto todo por pudor, orgullo mal entendido, por miedo a quedar desnudo. Capto todo lo negativo y dudo de todo lo positivo: lo encuentro “cortesía”, o algo así, dificil de describir. Me siento poco querido y sé que en parte es por esa coraza contra “poderosos como yo” que me he auto-impuesto sin querer. Porque a la vez muchas veces noto que se me quiere. Y en el fondo hasta lo sé. Nos ha jodido. Pero agiganto la duda.

El caso es que todo eso hace que ahora ya no sea útil. Ya no sea un hombro apetecible en el que llorar, ya no sea fuente de consejos adecuados, ya no sea quien te puede sacar una sonrisa en cualquier momento y entenderte y quererte casi sin palabras. La última vez que lloré hablando con álguien fué hace ya algún año (bueno, a lo sumo dos). Ya no soy intenso. Ya no soy útil. Soy un puto coñazo.

¿o estaré exagerando?

Archivado bajo:Mis cositas, No me gusta, top

Polaridad creciente.

Hay una realidad, pero muchos ojos para verla. Todos somos personas, pero cada uno es el que es, y le pasan sus cosas. Eso hace que al cabo de los años, cuando las personas estamos ya convertidas en lo que seremos para siempre, quienes al nacer eran bebés en “esencia idénticos” sean personas completamente diferentes.

Incluso en el hecho “teóricamente igual” de valorar una realidad que es una y la que es. La misma realidad, se vé de formas opuestamente distintas en un montón de casos. No hay ni siquiera la más remota posibilidad de acercar posturas, porque la misma realidad se vé literalmente desde el lado opuesto. Y cada uno tiene millones de razones y argumentos para apoyar su visión de la realidad. Sólo se puede hacer, aceptarlo.

dos ejemplos…

Por ejemplo, una realidad: Los cuernos. Están ahí. Existen. Se ven y se definen perfectamente. Ante esa realidad, hay dos visiones principales (cada persona tiene mil matices que darle, pero vamos a simplificar, que se puede) Dos visiones:

  • La carne es débil, nos seguimos queriendo, fué un error y hay que perdonar, sirvió para darme cuenta de lo que te quiero, no somos exclusivos, etc…
  • Es una falta de respeto inadmisible, etc… y punto final.

En esencia: los cuernos se disculpan, o no. y punto. Quien los disculpa, nunca aceptará la visión contraria. y viceversa. Son visiones irreconciliables. Y hay que tragarlo.

Otra realidad: E.T.A. Dos visiones:

  • Hay que conseguir que dejen de matar, así que vamos a sentarnos con ellos o lo que haga falta: la paz es lo primero. No querer la paz es inmoral. Y etc…
  • Es inmoral y hasta repugnante la sóla idea de que el estado acepte sentarse a “dialogar” con la pandilla de asesinos, que de hecho se sientan con la pistola en el cinturón. Y etc…

Hay quien piensa que la cosa se divide en izquierda y derecha, pero evidentemente no es así. Lo que es claro es que son posturas opuestas e irreconciliables, de nuevo.

Y como éstos dos, millones de ejemplos más. Cada realidad es una en todos los casos, pero ante ella la gente se divide. Y cuando en tu entorno cercano topas con gente que está “del otro lado” en Read the rest of this entry »

Archivado bajo:No me gusta, demagogia